miércoles, 24 de julio de 2013

Crónica I

Tragedia, la batuta prodigio, exilio y triunfo de H. Von Karajan 
Por: Jorge Luis Mendoza Zamalloa 
El director más aclamado del siglo XX, Herbert Von Karajan, estrella y promesa de la música clásica y contemporánea. Situación, crítica y atmósfera del mundo sinfónico y operístico que terminó por revolucionar una era de síntesis musical.

Aturdido, con los ojos cerrados, sin partitura…

- Vemos que Karajan eligió un sonido para todo propósito, altamente refinado, encalado – dice Harvey Sach – Calculadamente voluptuoso.
- Su estilo anterior a los 70’s no parece tan calculadamente pulido como su estilo posterior – dice Jim Svejda.
- Muchas de sus interpretaciones tienen una cualidad prefabricada que otros como Toscanini, Furtwängler y otros nunca tuvieron… sus grabaciones son exageradamente pulidas – dice Harvey.
- Sus incursiones barrocas son más bien mediocres – sonriendo y ladeando la cabeza, esto no opaca a su egocentrismo, hasta dispuso que el podio del director estuviese más alto, a la altura del público, ¿Sus entradas?, ¡Ambiguas e imprecisas! – dice Jim.

Sentado en primera fila, atento, extasiado, Hitler orgulloso de tal hallazgo director, es junio de 1939, pleno holocausto y él, mirando a los reyes yugoslavos, tomado de la butaca, los ojos desorbitados.

- ¿Maestro, cuando debo entrar? – dice un flautista. - Entra cuando ya no puedas aguantar más – dice Karajan
- ¿No cree que es un poco exagerado? – dice el director de organización y arte – digo, tal vez muy llamativo.
- Jamás – dice Karajan.

Uno de los barítonos, a la izquierda, se percata que Herbert no está bien, mira hacia el telón, se avisa con un sujeto, el maestro no está bien, no hay partitura, se toma la otra mano, es tarde.

- ¿Disculpe maestro, podría repetir el último pasaje? – dice Richter, emocionado.
- No, no hay tiempo, todavía faltan las fotografías – dice Karajan.

Un flash, cegado… te has quedado ciego, ¿Te has quedado inmóvil?...

Todo el teatro en silencio, el telón bajándose, y Karajan solo, solo y con todas las miradas encima, le indicarían algo, no parece moverse todavía. Hitler al oído de un mensajero, llama a Wagner, solo mirando, esperando disculpas, esperando una solución. Los reyes, confundidos, ¿Maestro, que hacemos? Desde popular, el enjambre, los susurros, los venenos, Karajan no se mueve y se veía que los reyes estaban inquietos, anda, avísales…

- Herr Von Karajan jamás dirigirá en Bayreuth mientras yo viva – dice Hitler, furioso y señalando con el dedo sin parar, su alemán, más agresivo cada vez.

 Karajan parado, levanta las manos y abre lentamente los ojos, el ruido se hace cada vez más claro y le aturde como si el éxito de todos los años venideros se acercaran a saludarle en el instante menos propicio, 1939 y no sabe si botó su carrera a la basura o salvó su vida.

Salzburgo, entre 1908 y 1913, lugar que vio nacer a muchos genios, entre los que destaca Amadeus Mozart, y Karajan listo para sus clases en el Mozarteum de su ciudad, su instrumento primero, el piano, Herbertcito es un diestro en la disciplina.

 - Herbert, eres mi mejor alumno y he caído en cuenta que tienes madera de director, hablo de director orquestal, ¿Qué crees tú? – dice Bernhard Paumgartner, maestro y director, 1916 – solo piénsalo.
- Tal vez, maestro – dice Karajan, sonriente – Poco después se vería a si mismo dirigiendo la orquesta de estudiantes en la academia de música de su natal Austria.

 Marzo de 1935, y su vida daría todo un vuelco, se inscribiría al partido nazi.

- Herbert, me mataran si no… solo será por un corto tiempo, mi familia, mi vida, tú no tienes nada que perder – dice Anita Gütermann – vamos, piénsalo, te irá mejor con la causa, además podrás tocar para Hitler, serás el director más joven del tercer Reich.

Y así pasaría, mientras que los directores más ilustres de la época se hallaban en exilio (Erich Kleiber, Bruno Walter, Otto Klemperer), Karajan surgía como el más joven, ahora del partido nazi y con un apelativo nuevo, lo llamarían: “Das wunder Karajan” (El milagro Karajan).

- Te salvaste por muy poco Herr, con Hitler ya muerto y el partido nazi desintegrado podrás volver a la batuta, ¿Si no, quién otro?, lo haría. 1946, ya con la Orquesta Filarmónica de Viena haría presentaciones dignas de ovaciones y sus primeras grabaciones durante la ocupación soviética, aunque prohibido por su afiliación al partido nazi, un año después sería la prohibición levantada y seguiría con la dirección. Concierto en Viena, en Londres como titular de la Orquesta Filarmónica de Londres, 1948 hasta en el teatro Colón de Buenos Aires con una serie de conciertos sinfónicos y 1951 con ciclos completos de El Anillo del Nibelungo.

Pero faltaría algo Herr, Milán, teatro de la Scala y estaría completo, al menos por ahora. Obra a interpretar: Réquiem de Verdi y Pavarotti a tenor, brillarían y serían aplaudidos, el coro, alagado. Pavarotti concentrado: ¡Es el aria!, Ingemisco, sublime y claro, muerto y vivo, como el Messa di Réquiem de Mozart, solo que más soberbio, Karajan sin batuta y sus manos al mismo tiempo acariciando las notas, el diminuendo y el latín del tenor se complementan. Baja las manos, los ojos aun cerrados, y el traje, el peinado, perfectos y los años ya han pasado por el maduro Karajan, empiezan a aparecer cabellos blancos en la sien del maestro, así como las críticas que en un momento creyó soñar como pesadillas, dejahvus.

¿Herviría en fiebre?, estaría exhausto, tal vez muchas emociones como en Taunhäuser en 1953, piensa: el corazón, se toma el pecho, llamen a emergencias, grita Eliette, su última esposa.

Se sienta, acomodándose rígidamente e imponente, la rueda de prensa esta lista. Anne Sophie, Anne, ¿Estás lista?, acomodados los instrumentos, afinándolos, en los asientos, la audiencia espera impaciente. 1984, Cuatro Estaciones de Vivaldi y el maestro hace su ingreso con la violinista.

- Se ha discutido mucho sobre su don de poder extraer una bella sonoridad de una orquesta. ¿Pero, usted la emplea en todos los géneros y estilos? – dice una periodista del medio, luego toma asiento.

El público se para y aplaude, la reverencia correspondiente y luego toman posiciones, Karajan al piano, todos ya saben qué hacer, alza las manos, da la clave de entrada, las baja y comienza: Primavera, primer movimiento.

- Intento interpretar lo mejor posible cualquier obra, el repertorio barroco y romántico no son lo mismo, pero doy lo mejor de mí para obtener un sonido parejo y bueno en todos los estilos, además de indicar e instruir a los músicos. Yo creo lo siguiente: “el arte de dirigir consiste en saber cuándo dejar la batuta para no molestar a la orquesta”.

 No hay nada que hacer señora, su esposo ha muerto. Era 16 de julio de 1989, y se apagó la estrella que alumbró y opaco a todos. El aclamado, el reverenciado y detestado, así como vino se fue y la batuta no volvió a ser la misma.